La espada de Damocles

kazuo Okubo

La orgía iba en aumento.

Damocies, introducido por los ujieres, avanzó con modestia, saludó al rey y se sentó en el lugar que le indicaron.

Antes de tomar asiento depositó en el suelo, a un lado, un paquete envuelto con viejos periódicos, sobre los que los policías disfrazados de mujeres bonitas miraron furtivamente.

Empezó el banquete.

Sirvieron a Damocies sesos de mosca y ríñones de ardilla, alas de fenicóptero, pasteles de hormiga, tarta de causario. Le dieron de beber champagne centenario, cécubo en odres de piel de camello nonato, vinagre con perlas disueltas y polvo de diamante.

Los senos desnudos de las cortesanas se extendían sobre la mesa llena de flores.

En el momento en que Damocies llenaba sus ojos del vértigo de aquel espectáculo, el tirano Dionisio golpeó su hombro con delicadeza y le señaló el techo con el dedo índice. Una espada desnuda colgaba sujeta por tan sólo un cabello. Damocies miró la espada, alzó los hombros, y se inclinó hacia el paquete depositado a su lado en el suelo.

Abrió el periódico, retiró un casco de bombero, con cubrenuca de malla, y se lo encajó en la cabeza.

Después, volvió a pedir asado.

Gabriel de Lautrec

Esta entrada fue publicada en Metáforas anónimas, legendarias, mitológicas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s